He comprado una muñeca de madera. De cuello elegante largo y de pendientes y zarcillos. Es enigmática y valiente, es dócil y obediente. De madera brillante su piel y de pintura son sus labios y tiene ojos que no lloran y la boca es de rojo plantel. He soñado... En sus dientes blancos yo pondré las palabras de mi hiel y en su tersa piel escribiré: ¡Te quiero, enano infiel! ¿Quién te hizo, quién te vendió? ¿Quién, asqueroso, te dejó, te cambió, por monedas de papel? Ahora acaricio tu piel, es madera, ya lo sé, pero he pagado tu figura, tu volumen, tu color, tu hermosura y tu fulgor. ¡A ti te quiero, mujer, aunque seas de oropel!
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