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Y no veo más allá que la huella de la rueda con el sonido ciego de un lejano tambor de luz que brilla apagada, una naranja que se hace cuadrada... El mar negro... El pez seco... El bar oscuro y terco... Miro al cielo y se me queda vacía la cuenca del ojo... Se me acerca el porquero y me deja el único olor de la flor sin flor en flor... El hedor... No voy camino de nadie y el reloj del paraíso no sonó, ni la tienda en los oasis con hurí, ni el amor en piernas de nadie conseguí, ni la lejana esposa india me acogió. Me pierdo lentamente... ¿Dónde están mis recuerdos? ¿Qué hago yo sin labor en lazo negro de crespón? ¿Me voy...? Se van ellos... Hay uno, sólo veo uno, sólo ha quedado uno. ¡No es mi cuerpo, no es mi esperanza, no es mi hálito, ni mi vergüenza, no es mi llegada ni mi venida, sólo es el murmullo de un planeta sin piedad que se aleja y me despide! ¿Me quedo? Ni siquiera eso sé... ¡Maldita sea!
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